lunes, 9 de enero de 2012

Ese hombre Por Rodolfo Walsh


El guardia civil pregunta el nombre, consulta su lista, abre la puerta del parque. El tenue sol madrileño quita de las rodillas la lluvia de París, funde la nieve de Praga.
    En la casa me recibe el secretario discreto, urgido por irradiación cotidiana. Yo sé que debería estar observando los detalles pero no veo más que la alfombra, el artesonado, la penumbra de la sala donde enseguida aparece el Viejo, su voz tranquila. Me estaba esperando.
    Sigue alto y erguido, indestructible. Se agacha un poco para darme la mano.
    "Lo estaba esperando "dice.
    "Tenía muchos deseos de conocerlo "aseguro.
    Todo es claro y ordenado en su despacho: libros en los anaqueles, un Martín Fierro a caballo, el banderín argentino, Juan XXIII bajo el vidrio del escritorio.
    Cuando se sienta, veo por primera vez la desollada cara del Viejo, la cascada de venitas rojas que no aparece en las fotos o que las fotos olvidan, lo mismo que uno.
    "¿Café? "dice". ¿Coñac?
    Ofrece Winstons, se inclina hacia adelante para dar fuego con el encendedor de oro. Tal vez me he quedado dormido en alguna butaca de algún aeropuerto en alguna indescifrable escala nocturna y este sueño preocupado es una broma del cansancio. Pero el Viejo está allí, veo el traje pizarra, el pulóver rojo, las ideas que se ordenan en su cara, la embellecen, escucho la voz persuasiva que habla del mundo, sus grandes movimientos circulares, sus leyes inmutables.
    "A los imperios no los derriba nadie "dice". Se pudren por dentro, se caen solos.
    Solos, pienso.
    Parece que adivina.
    "Cuando alguien los empuja "dice, recuerda". En este continente yo los he enfrentado "dice, anulando de un golpe la distancia, regresando o no partiendo nunca, clavado a este continente que no es este, no es la muchacha que vuelve y sirve el coñac y sirve el café.
    "Café sin cafeína "dice el Viejo". Es más sano. Mire Vietnam "dice.
   " Miro Vietnam: sonrisas ambiguas, pisadas nocturnas en la selva húmeda, espaldas maternas cargando obuses, una bandera roja flameando sobre Hué bajo una lluvia incesante de napalm.
    "Los militares yanquis "explica" son muy brutos, no leen la historia, creen que la guerra se gana con el ejército.
   " Otra vez el gesto circular abarca las edades, los pueblos, el orgullo pisoteado, Roma se derrumba en el espejo de la memoria y la voz del Viejo parece que gozara.
    "Líneas de abastecimiento. Lo sabe un cadete.
    Toma su café sin cafeína.
    "Ya no les quedan amigos en el mundo" dice.
    "Si estos se salvan "dice" será porque tienen dos océanos de por medio.
    "Pero a usted lo derrocaron.
    "A me derrocó la Sinarquía "aclara". Después vinieron a buscarme. Los yanquis "dice, rememora". Cuántas veces.
    "Y usted.
    Me pregunta si conozco el cuento del vasco. Escucho el cuento del vasco, rodeado de parientes, que no quería firmar el testamento. El índice del Viejo va y viene despacio sobre el índice izquierdo, preparando la pregunta, la pausa, el corte de manga, su porfiada respuesta. Y ahora no sé cuál es mi risa, cuál es la suya, la del Papa Juan divertido a su modo en el cromo.
    El círculo pulsa, se achica, se concentra. El Viejo desliza sobre el vidrio una caja taraceada de tabacos. Tomo uno, lo hago girar entre los dedos, aspiro su lejano aroma.
    "Me los manda Fidel "dice el Viejo". Cómo están por allá.
    "Siempre preguntan por usted.
    Es cierto: siempre preguntan por él.
    "Esperaban su visita "digo.
    "Me hubiera gustado ir "suspira". No ha llegado el momento. Usted sabe, había que pasar por Moscú.
    El periódico sigue inmóvil sobre el escritorio, con sus terremotos, naufragios, sobresaltos del oro, el nuevo récord de Iberia: seis horas, treinta y dos minutos, vuelo directo. No veo las manos del Viejo, tal vez el índice derecho sigue moviéndose despacito sobre el izquierdo, debajo de la mesa, una broma conjunta que podemos apreciar.
    El círculo ha vuelto a crecer, las costas se dilatan, la selva. América. Ahora hablamos de los muertos. El Viejo guarda la caja de tabacos, saca un libro abierto en la dedicatoria de "un adversario que evolucionó", la firma brevísima del gran muerto reciente () cuyas cenizas llueven sobre mil ciudades, que anda por ahí asomado a las cocinas, a los dormitorios, probando el caldo de las ollas, creciendo en los huesos de los chicos.
    "Tenía el fuego sagrado "dice el Viejo". Lástima que no trabajara para nosotros "y la cara se le nubla, de pena, desconcierto, quién sabe.
    "El pensaba que había que apurarse.
    "Sí, pero ya ve.
    "Porque ellos creen que Vietnam se acaba, y que después caerán sobre ellos, sobre nosotros "digo". Por eso estaban apurados.
    "La guerra es larga "responde sin apuro.
    Vuelvo a mirarlo como si yo fuera el Viejo y él tuviera un largo futuro por delante.
    Si él quisiera, pienso.
    La puerta se abre sola. Un fogonazo de alegría alumbra la cara surcada de venitas del Viejo, que se para, avanza hacia el perro lanudo que entra en dos patas. Yo miro el despliegue de mimos y festejos que corta las preguntas, acaso la entrevista.
    Pero el Viejo vuelve, se sienta.
    "Otro café "dice.
    De la manga del saco sale otra anécdota, como otro conejo. Cada vez que el general Roca recibía al embajador boliviano, ponía dos sillas. Una para el embajador, otra para la mala fe.
    "Yo le mandé decir que tuviera cuidado, que desconfiara de esa gente. No era tiempo.
    "Cuándo entonces "digo.
    "Yo he esperado mucho.
    Tal vez lo estoy fastidiando, acaso va a mirar su reloj, usar un pretexto que no necesita, la mujer que atravesó el Atlántico para conseguir su dedicatoria en una foto, el dirigente que aguarda en la sala su epifanía de palabras lejos, vestales con pinta de herederos, tahúres de doble entraña, empresarios dispuestos a compartir las pérdidas, terratenientes a socializar los caminos, clérigos a repartir el reino de los cielos, gorilas convertidos.
    El arresto del último general que casi se subleva flota sobre los pocillos de café sin cafeína.
    "Es un buen muchacho "sugiere". Le voy a contar un chiste "sugiere.
    Las once de la mañana entran por el ventanal, aclarando la sonrisa.
    Un empresario americano fue a Brasil, donde querían comprar petróleo; fue a Kuwait: querían vender petróleo; a Grecia: les propone transportar petróleo. Armó el negocio, se quedó con la mitad. Los otros le peguntaron: ¿Pero usted qué pone?
    "¿Cómo qué pongo?", dijo el empresario "dice el Viejo". "Yo pongo el Atlántico." Con este muchacho pasa lo mismo. El ejército pone las armas. Nosotros ponemos la gente. ¿Y él qué pone? ¿La patria?
    Risas. Imposible no reír cuando el Viejo cuenta un chiste, porque lo cuenta muy bien. Pero consigue que el cotejo con la realidad parezca un segundo chiste, mejor que el primero.
    Ahora sí, ha mirado su reloj. De golpe entiendo que he pasado horas sumergido en la envolvente conversación del Viejo, como quien escuchara a cualquier padre, y que al salir estaré caminando por una calle de Puerta de Hierro, de Southampton, de Martín García, con todas las preguntas sin hacer.
    "Esa mujer "digo.
    Su cara es gris. Una muralla.
    "Creo que la quemaron" dice.
    "No la quemaron "fantaseo". Está en un jardín, en una embajada, de pie, una estatua bajo tierra, donde llueve "digo. Llueve siempre, pienso, y ella se pudre.
    "Puede ser "su cara es más remota que nunca". Algún día se sabrá.
    "Y los otros muertos "quiero saber". Los fusilados, los torturados.
    Un ramaje de la vieja cólera circula por su cara, relámpago entre nubes.
    "El pueblo pedirá cuentas.
    "¿Cuándo?
    "Algún día. Saldrá a la calle, como el 56, el 57.
    "¿Por qué no ha vuelto a salir?
    "Porque yo no he querido "dice.
    "¿Cuándo, general, cuándo?".

cuento "Ese hombre" recopilado en "Ese hombre", de Rodolfo Walsh. 

sábado, 24 de diciembre de 2011

FRAGMENTO DEL MENSAJE DE EVITA EN LAS NAVIDADES DE 1951




..."Por eso la Nochebuena nos embarga el corazón con la armonía de sus encantos prodigiosos, porque la Nochebuena es nuestra, es la noche de la humildad, la noche de la justicia.

Y el Justicialismo que Perón nos ha enseñado y nos ha regalado como una realidad maravillosa de sus manos, es precisamente eso, algo así como el eco vibrante del anuncio que recibieron los pastores o como el reflejo encendido de la estrella que señaló, en la noche de los hombres, el divino amanecer de una redención extraordinaria.

Esta noche también sentimos que empieza ya a morir el año que termina. Por eso nos gusta rememorar las alegrías y las penas que nos trajo sobre el hombro de sus días y de sus semanas, y hasta los dolores ya sobrepasados nos parecen esta noche menos amargos.Acaso, precisamente, porque ya son recuerdos.

Este año que se va nos ha dejado la marca de su paso en el corazón y lo mismo que en todos estos años que van pasando sobre nosotros, bajo la mirada y la protección serena de Perón, la de 1951 es una marca de felicidad. Yo sé que dentro de muchos años, cuando en esta misma noche los argentinos se dejen acariciar por el recuerdo y retornen sobre sus alas al pasado, llegarán a estos años de nuestra vida y dirán melancólicamente: entonces éramos más felices, Perón estaba con nosotros. Porque la verdad, la indudable verdad es que todos somos ahora más felices que antes de Perón.

No tanto por los bienes materiales que poseemos, cuanto por la dignidad que nos dio con su esfuerzo infatigable. Si nuestra felicidad residiese solamente en las riquezas materiales, no tendríamos derecho a ser dichosos. Pero nos sentimos felices porque en el seno de la gran familia justicialista que formamos, todos somos hijos iguales de la misma Patria, con los mismos derechos y los mismos deberes. Nos mide a todos, con la misma medida, la vara de la misma justicia. Nos ampara la bandera enhiesta de la dignidad y nos abraza la generosidad paternal del mismo amor que brota del corazón inigualable de Perón.

Ahora sí podemos abrir nuestro corazón a la palabra ardiente del amor y comprendemos el verdadero sentido de la fraternidad.No queremos vanagloriarnos con orgullo de lo que somos ni de lo que tenemos, pero en esta noche, propicia para los aspectos del corazón, sentimos la necesidad de decirle a los hombres y mujeres del mundo el sencillo secreto de nuestra felicidad, que consiste en poner la buena voluntad de todos para que reinen la justicia y el amor.Primero la justicia, que es algo así como el pedestal para el amor.No puede haber amor donde hay explotadores y explotados. No puede haber amor donde hay oligarquías dominantes llenas de privilegios y pueblos desposeídos y miserables.

Porque nunca los explotadores pudieron ser ni sentirse hermanos de sus explotados y ninguna oligarquía pudo darse con ningún pueblo el abrazo sincero de la fraternidad.El día del amor y de la paz llegará cuando la justicia barra de la faz de la tierra a la raza de los explotadores y de los privilegiados, y se cumplan inexorablemente las realidades del antiguo mensaje de Belén renovado en los ideales del Justicialismo Peronista:

Que haya una sola clase de hombres, los que trabajan;

Que sean todos para uno y uno para todos;

Que no exista ningún otro privilegio que el de los niños;

Que nadie se sienta más de lo que es ni menos de los que puede ser;

Que los gobiernos de las naciones hagan lo que los pueblos quieran;

Que cada día los hombres sean menos pobres y

Que todos seamos artífices del destino común.

Para que todo esto se consolide como una realidad duradera entre nosotros, seguiremos luchando con Perón, al pie de sus banderas victoriosas, hasta el último aliento que nos dé la vida.

En este año que se acaba, hemos conseguido que Perón nos acompañe otra vez y nos conduzca, en una nueva etapa de la Patria; y nos disponemos a rodearlo con nuestro cariño y ayudarlo con nuestro esfuerzo, para que se cumplan todos los sueños de su corazón.

Yo seguiré a su lado, brindándole también mi cariño, por todos los que lo quieren y cuidando sus espaldas para salvarlo del odio de sus enemigos. Seguiré a su lado con todos ustedes, mis amigos descamisados, mis compañeros trabajadores; con todos los que se sientan peronistas de corazón.

Seguiré a su lado como la simple y humilde mujer que renunció a todos los honores, porque le gustaba más que su pueblo la llamase cariñosamente: Evita.

Con mis últimas palabras, llega el momento de los augurios y de los deseos.Aquí, a mi lado, en la cabecera de la mesa familiar que nos reúne a todos bajo el cielo estrellado de la Patria, está nuestro conductor y nuestro líder.

El primer deseo de mi brindis es para él: que sea siempre feliz, que lo acompañe siempre el cariño de todos ustedes, por muchos años, hasta el fin de sus años, porque se lo merece como premio de sus afanes y sus sacrificios.

El otro augurio de mi brindis es para mi pueblo, para todos ustedes; y no puedo expresarlo de otra manera que deseándoles sencillamente que sean muy felices, cada vez más felices.

Y por fin, yo me permito reunir simbólicamente la copa con que brinda cada uno de ustedes con mi propia copa, que contiene la misma sidra humilde, con la misma sencillez de nuestro corazón. Levanto al cielo con ella los deseos, los sueños y las esperanzas de todos, para que en esta noche prodigiosa el amor infinito los toque con la vara de sus milagros y los convierta en realidad"

Eva Perón
Diciembre de 1951

lunes, 19 de diciembre de 2011

De la resistencia a la victoria, el pueblo no olvida


Hace 10 años no teníamos Patria.
Nuestra generación forjo su identidad política en esa tragedia. Y nuestro mandato es alejar definitivamente a nuestro pueblo del proyecto excluyente del capital financiero.

martes, 13 de diciembre de 2011

Solo me queda decir gracias.


El sabado 10 de diciembre de 2011 vivi uno de esos momentos que quedaran grabados a fuego.
Despues de casi 18 horas de viaje llegamos a Buenos Aires y tuve el honor de entrar al Congreso de la Nacion para asistir a la Jura de Cristina. Como explicarles lo que senti, las piernas me temblaban cuando entro Ella, sentia que el corazon explotaba sumado a las lagrimas inevitables. Fue inolvidable.
Fue un dia historico, y yo forme parte de esa historia, no fui una mera espectadora, fui parte.
Despues de la emocion, la fiesta con mis compañeros de la JP Descamisados - Corriente Peronista, que no tenia fin!!!

Hoy me siento orgullosa y profundamente feliz, y solo me queda decirles gracias! Gracias a mis compañeros de la desca de todo el pais que como siempre me hacen sentir orgullosa de la organizacion donde milito, gracias a mis conduccion nacional, Fernando Gomez, Lorena Pokoik, Marcelo Koenig, Carlos Oviedo, Chino Beltran, porque la palabra MILITANCIA es el eje de sus vidas y no tienen idea como lo transmiten a todos y cada uno de nosotros, y Gracias a mi conduccion provincial, Samuel Di Maio, porque a pesar de todo y de todos, sigue firme, al pie del cañon, con las convicciones y la fuerza intactas y eso hace que lo ame y lo admire cada dia mas. Gracias a los amigos que hice con la militancia que a pesar de la distancia siento el cariño profundo, que es mutuo, Gallega Suarez y Fernando Marino.

Los quiero y no saben como se me hincha el pecho cuando digo SOY DE LA JP DESCAMISADOS!!!!!!!!

Noel Escaño Curia